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Más manos, misma cabeza

La continuación de "Sí, uso inteligencia artificial": qué pasa cuando el trabajo mecánico se quita de en medio.

Hace unos días escribí que uso inteligencia artificial y cómo la uso, y pensaba que el tema quedaba cerrado ahí. Luego releí el texto y me di cuenta de que faltaba la parte más importante: no qué le hago hacer, sino qué me está devolviendo, porque desde que el trabajo mecánico ya no pasa por mis manos por fin puedo concentrarme en lo que de verdad importa.

Todavía le estoy enseñando a escribir como yo

En el artículo anterior decía que le hago comentar el código y escribir la documentación, y sigo trabajando en ello: a veces sale acartonada, o arrastra conceptos que pertenecen más a la conversación entre el agente y yo que a la página. No trabajo en ello para esconderlo, lo estoy escribiendo aquí y lo llevo diciendo meses en Twitter: trabajo en ello porque reviso cada línea de código, cada artículo, cada bloque de comentarios y cada página de documentación que genera, y cuanto más entra en mi tono menos correcciones tengo que sugerir. Que no significa "así genera y yo dejo de mirar", significa que leo, fluye, no mando corregir nada, gano tiempo. Al final el punto es siempre el mismo: el tiempo, sin que la calidad pague la cuenta, y para mí, como diseñador UX, la calidad lo es TODO.

Tardé años en entender cuál es mi oficio

Llevo más de quince años trabajando en este mundo y luché mucho por entender qué demonios era mi función: programo pero no me siento programador, creo interfaces pero no me siento diseñador. Sin embargo escucho los problemas y me siento en mi mundo, sea un problema de diseño, de código o de arquitectura, ese es mi sitio: yo trabajo en la experiencia, sea la del usuario o la del desarrollador, a mí me importa su experiencia con ese producto, y también la mía. Soy un... ¿diseñador UX/DX, supongo? Como título no existe, pero es el más honesto que he encontrado.

Más manos que antes

Amo ver mis arquitecturas cobrar vida, amo mirar el código y decir "no, esto no está bien, se rehace todo el bloque", o "esto es un desastre, demasiados aspectos negativos, hay que cambiar drásticamente esta cosa". Y hoy puedo hacerlo de verdad, porque tengo más manos que antes: algo que antes me llevaba meses o incluso años construir ahora está a mi alcance, y sobre todo puedo pinchar ese código diez, cien, mil veces si hace falta, porque detrás no estoy irritando a nadie que lo haya escrito, solo hay un generador. Ningún colega al que desgastar con el enésimo "rehagámoslo", ninguna relación que consumir: solo yo, la idea, y la libertad de ser tan exigente como quiera.

Las issues, los commits, y Pietro

Luego está la historia de los commits. Me han criticado MUCHAS veces, a lo largo de los años, que no documento mis commits, y tienen razón: no me sale automático, a menudo no sigo los estándares, y me costó bastante pasarme a feat, fix, chore y docs, aunque hoy lo aprecio. Pietro, mi colega de toda la vida y socio en fabricators (en minúscula, sí), me pincha cada día con esto, con razón. Pero no es lo mío: tengo una cabeza que emana ideas cada día, tengo literalmente un cuadernillo donde las escribo, regalo de mi esposa, que me ve pararme por la calle con las bombillas encendidas todo el tiempo, gracias Laura, todavía uso hojas de papel para dibujar los esquemas de estas ideas, y es genial pero exasperante, y entre documentar un commit y trabajar en los agujeros de una arquitectura o en el estilo del código, elegiré siempre lo segundo.

El cuadernillo de las ideas, abierto sobre el teclado

Aquí está, el cuadernillo. Y sí, se escribe fatal: pido disculpas, pero yo me entiendo.

Hace poco arreglé también esto: el agente me crea las issues, enfocadas, ricas, explicadas, y yo mismo las cierro en los commits. Las ideas salen del cuadernillo y se convierten en issues que cualquiera puede leer, y cada commit por fin cuenta su historia sin que yo tenga que desnaturalizarme para escribirla.

Lo que de verdad importa

Si pongo en fila todas estas cosas el dibujo es uno solo: cada hora que no gasto comentando, formateando, documentando, es una hora que vuelve adonde siempre quise estar, a la experiencia. A la arquitectura que aguanta, al detalle de la interfaz que nadie notará pero todos sentirán, a la idea del cuadernillo que esta vez no se queda en un dibujo. Durante quince años hice también el trabajo que no era, para poder hacer de vez en cuando el que soy: ahora las proporciones se han invertido, y no tengo ninguna intención de volver atrás.